Segunda Carta: En el Umbral de la Amista ...

Segunda Carta: En el Umbral de la Amistad

Dec 02, 2023

¡Hola!, Lamento la demora en esta nueva carta. He estado sumergida en la lectura de los primeros correos electrónicos que compartí con Takahiro, tratando de recrear una historia lo más auténtica posible. Sin embargo, este ejercicio ha sumido mi corazón en la melancolía al reconocer que el destino y las circunstancias parecen conspirar contra nosotros. Su ausencia me pesa enormemente, y lo extraño más de lo que las palabras pueden expresar. image

            Como te mencioné en mi carta anterior, me considero una persona profundamente introvertida. Rara vez abandono mi refugio a menos que sea imperativo o que me prepare mentalmente para enfrentar el mundo exterior, por ejemplo, si quiero ir a ver una película al cine tendría que planearlo con antelación para saber que voy a tener que alistarme (con solo el hecho de pensar que ponerme ya me resulta agotador), salir de la casa tomar el bus o un Uber (taxi), y demás. Y no es que me desagrade salir, pero la idea de enfrentarme a lugares concurridos genera en mí dolores de cabeza y un agotamiento abrumador.

            Creo que por eso mi afinidad por la tranquilidad del campo y el deseo de caminar por las montañas siempre han sido sueños postergados por el temor. La realidad de mi naturaleza introvertida me ha dejado sin amigos cercanos, y las amigas de mi época colegial, aunque aún presentes en mi vida, ahora viven en diferentes ciudades y velan por el cuidado de sus familias, y si bien aún hablamos (muy rara vez), es muy difícil encontrarnos. La soledad se vuelve más palpable cuando se experimenta algo maravilloso y no hay nadie con quien compartirlo al momento.

            Cuando disfrutas algo con alguien pueden compartir cosas en el mismo momento en que las estas viviendo y se vuelven recuerdos inolvidables para poder disfrutarlas en el futuro. No así sí estas solo, aunque las compartas después con tus seres más allegados, ellos podrán demostrar interés y alegría o tristeza, pero no van a entender exactamente lo emocionante y sorprendente que fue esa vivencia para ti. Esta es una de las razones por las que no me gusta la soledad.

            Sin embargo, Takahiro era todo lo contrario. A pesar de su soledad, no dejaba que nada lo detuviera en su búsqueda por explorar el mundo. Su capacidad para disfrutar de la vida y compartir sus experiencias lo convertía en un ser sabio, pero increíblemente humilde. En los primeros meses de nuestro intercambio de correos electrónicos, aunque esporádicos, su presencia virtual comenzó a cautivarme.

Deseaba conocer más sobre él, darle un rostro a la persona detrás de los mensajes, pero él guardaba un misterioso silencio sobre su apariencia, alimentando mi curiosidad. Siempre acompañaba sus mensajes con fotos de todo lo que hacía, pero nunca ponía fotos de él, y eso hacia que me carcomiera de la curiosidad (seguro lo hacía a propósito…).

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Pero mi yo de ese entonces no quería tener ninguna clase de relación amorosa con nadie, ya que venia saliendo de una serie de relaciones fallidas y dolorosas, quería distanciarme de eso por un tiempo, para poder sanar las heridas del pasado. Y si bien no sentía que Takahiro buscara algo más que una amistad, lo que me hacía sentir más tranquila.

Ya para ese entonces, la pandemia se extendía por el mundo, y Costa Rica no era la excepción. La incertidumbre y la preocupación se apoderaron del ambiente, y las noticias transmitían diariamente relatos desgarradores. La rutina laboral cambió drásticamente, con el gobierno promoviendo el trabajo desde casa y empresas cerrando sus puertas. El restaurante donde había comenzado a trabajar no pudo resistir la crisis y cerró.

Este restaurante donde hace poco había empezado se mantenía mayormente, por las empresas cercanas y universidades. Los trabajadores y estudiantes pasaban a desayunar, salían a almorzar, y a veces llegaban a distraerse después del trabajo ahí. Pero todos ellos empezaron a estudiar y trabajar desde sus hogares, y aunque el dueño intento mantenerlo lo más posible, desafortunadamente llego a un punto en que no pudo más.

Mi situación laboral se desplomó, convirtiéndome en otra desempleada afectada por la pandemia. En medio de tiempos difíciles y sueños que se desmoronaban como un castillo de arena en medio de la tormenta, me aferré a la esperanza, resistiendo la depresión que amenazaba con envolverme nuevamente.

Aunque los desafíos eran abrumadores, decidí no rendirme.

Gracias por leer mi carta, ya no te quitare más de tu precioso tiempo. Te escribiré pronto con más de mi historia, espero que no te este aburriendo. ¡Cuídate!

Con gratitud y esperanza,

Megan.

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