Cuarta Carta: Un Camino de Esperanza en ...

Cuarta Carta: Un Camino de Esperanza en el Corazón de la Noche

Feb 09, 2024

¡Hola de Nuevo! Te deseo un Feliz Año Nuevo, ha sido bastante tiempo desde mi última carta. Como estuvieron las fiestas de fin de año, espero que la hayas pasado bien junto a tus seres queridos. Es raro como en vez de disminuir la ausencia de Takahiro y el dolor de no saber nada de él, no disminuye con el tiempo. Cada vez más se hace más difícil respirar, aunque me voy acostumbrando a vivir con este dolor en el alma.

Como te he mencionado, la depresión ha sido una sombra persistente en mi vida, afectando especialmente mi búsqueda y sostenimiento de empleo. La falta de ingresos me impide acceder al medicamento necesario para lidiar con esta batalla diaria. Aquí, en Costa Rica, el acceso a los servicios sociales requiere, desafortunadamente, de un empleo.

Si pudiera obtener el medicamento, tal vez, solo tal vez, podría vislumbrar una salida y alcanzar a Takahiro, a quien amo profundamente y extraño más de lo que las palabras pueden expresar. Sin embargo, existe otra parte de mí que duda, que teme ser una carga adicional en la ya complicada vida de Takahiro.

En nuestros escasos intercambios de correo durante varios meses, Takahiro compartió un poco más de su difícil pasado y su vida actual como profesor en su pequeña escuela particular o Juku. Me narró sus desafíos iniciales para establecer el negocio en la zona de Saitama y cómo, paradójicamente, la pandemia trajo un aumento en el número de estudiantes, llenándolo de felicidad. Sin embargo, los desafíos también se multiplicaron, especialmente al lidiar con alumnos problemáticos, robándole el tiempo que solía dedicar a sus amadas caminatas por las montañas.

Uno de sus estudiantes en particular, era muy problemático no solo en las clases de Takahiro, sino que también en la escuela y el barrio en el que vivían. Nadie lo quería en la zona, y eso le generaba también una mala imagen a su escuela, ya que las madres de los otros alumnos no querían mandar a sus hijos a estudiar junto a este niño y varios de sus buenos alumnos dejaron de asistir a sus clases. Takahiro aun así se esforzó para enseñarle, pero simplemente él no quería aprender y más bien lo difamaba como profesor, un día la madre del chico llego a hablar con él, y le pidió que le diera clases particulares los sábados. Takahiro acepto pese a que este día él no laboraba, sin embargo, él quería ayudar al joven, pero, al poco tiempo el niño dejo de asistir, seguido por la cancelación de las clases.

Eran estas pequeñas historias las que me acercaban cada vez más a Takahiro, y él me pedía que le contara más de mí, pero mi vida siempre ha girado en torno a mi casa, mi familia (padres, hermanos y sobrinos), del trabajo, volvía a la casa o iba a la universidad y así, muy rara, muy rara vez salía, donde más me gustaba ir era al cine. Y la ausencia de trabajo agravó más mi situación, ya no podía pagar mis estudios o mis escasas salidas, por eso lo que le contaba parecía como una grabación que se repetía una y otra vez, como resultado de mi monótona vida.

Mientras continuábamos nuestro intercambio de correos, los meses pasaron y mi búsqueda de empleo seguía sin dar frutos. Fue entonces cuando decidí explorar otras posibilidades para sostenerme. Mi antiguo sueño de juventud, ser escritora, resurgió en medio de la pandemia y la falta de trabajo, en ese entonces lo había dejado pospuesto por sacar una carrera que, si me diera de comer, por lo menos aquí en mi país. Aunque estaba en medio de un océano de incertidumbre, decidí sumergirme en la escritura y descubrir cómo podía encontrar un lugar en este mundo.

Una de las cosas que hice fue modificar mi perfil personal de Instagram para que reflejara que era escritora, empezar a escribir y buscar plataformas donde escribir y recibir algo de dinero a cambio.

Al cambiar mi perfil de Instagram para reflejar mi deseo de ser escritora, atraje la atención de varios escritores, entre ellos, un joven llamado Adrián, quien me envió un mensaje. Con su actitud humilde y su deseo constante de mejorar en la narrativa, Adrián y otros escritores formaban un pequeño grupo de apoyo en Costa Rica. Fui invitada a unirme, y para hacerlo, tuve que compartir mi número de teléfono con Adrián.

Por ende, empezamos a mensajear por WhatsApp, al principio como todo solo nos estábamos conociendo y al compartir ciertos gustos además de la escritura, como los videojuegos y el anime, no era difícil hablar con él, pero no me sentía del todo cómoda por lo que intentaba mantenerme un poco al margen.

Adrián solía ponerme mensajes temprano en la mañana de buenos días, lo que sentía que buscaba algo más que solo una amistad (ese sexto sentido femenino, mandaba sus señales de alerta), pero por otro lado pensaba que solo era amable. Esta conexión virtual con Adrián se volvió crucial cuando compartí mi situación personal con él, mi falta de empleo y mi lucha contra la depresión.

Fue entonces cuando le revelé que, meses atrás, mi inestabilidad mental hacía que sintiera odio y rabia por todo constantemente, las cosas que me gustaban ya no me llenaban y no las podía disfrutar como antes, todo rastro de felicidad y ganas de salir adelante se apagaron, pero lo que más me empujaron a buscar ayuda fue que mi deseo de morir era tan intenso que incluso consideré hacerle daño a mi familia. Vivir con ellos, aunque es común en Latinoamérica, se convirtió en un ancla que agradezco hoy, ya que, de lo contrario, mi historia podría haber tomado un camino diferente.

¿Qué lo genero?, no estoy segura, según el médico es algo una enfermedad que me ha acompañado desde hace muchos años y al pasar el tiempo ha empeorado, así que pudieron ser muchas cosas o todas esas cosas han aportado a que se me zafaran los tornillos.

Adrián, con su conocimiento en farmacología y su trabajo en una clínica pública, además de su buena fe, se ofreció a proporcionarme las pastillas que tanto necesitaba, fue un ángel para mí en ese momento. Esta generosa oferta nos llevó a acordar un encuentro en persona.

Mientras tanto, me sentía un poco cansada de estar revisando mi correo electrónico para saber de Takahiro, quería poder leer sus mensajes de manera más dinámica, así que en uno de mis correos le hice saber de mis expectativas con base a nuestra comunicación, al no saber que aplicación de mensajería era la más usada en Japón, le pregunte si cabía alguna posibilidad de hacer más sencilla la forma en que nos comunicábamos y si estaba dispuesto a hablar a través de algún otro tipo de aplicación como WhatsApp, Telegram o alguna otra como esta.

            Días después, recibí su respuesta y adjunto en el correo esta su QR de WhatsApp, mi corazón dio una vuelta de 180 grados y se estrujó hasta hacerse lo más pequeño posible, en ese momento no sabía por qué, me había puesto tan nerviosa. Ahora podía hablar con él al instante. ¿Acaso debía mandarle un mensaje inmediatamente?, ¿qué pensará si le envió un mensaje tan pronto?, lo mejor sería esperar, no quería que se hiciera de ideas erróneas, además no estaba segura de que hora era en Japón y no quería averiguarlo.

Pero mi corazón no volvía a la normalidad y se sentía pesado, seguro por los nervios. Debía calmarme, no quería caer nuevamente en el enamoramiento, siendo yo nuevamente la que más da para terminar siendo traicionada. Así que decidí calmarme antes de escribirle, esperar prudentemente a que pasara la emoción del momento, la alegría de ese pequeño logro.

Así que esperé, un par de días hasta que resolví mandarle el primer mensaje por WhatsApp, los nervios me carcomían viva. Pero lo que sigue te lo contaré la próxima ve, por favor cuídate.

Con cariño,

Megan

Ti piace questo post?

Offri un chocolate a My Romance Quest

Altro da My Romance Quest