Reunión de emergencia a las dos de la ma ...

Reunión de emergencia a las dos de la mañana

Jul 16, 2026

16 de julio de 2026, casi las dos de la mañana.

Hay noches en las que uno se acuesta para descansar y termina organizando, mentalmente, una reunión de emergencia con todos sus problemas.

El trabajo, el futuro, el país, el fútbol, el cuerpo, el dinero y la inteligencia artificial aparecen sin invitación alrededor de la cama.

Y justo cuando uno debería estar durmiendo, la mente decide hacer la pregunta menos apropiada para esa hora:

“¿Ya descubriste qué vas a hacer con el resto de tu vida?”.

La respuesta, por supuesto, es no.

Dicen que escribir ayuda. Tal vez porque los pensamientos, cuando permanecen dentro de la cabeza, se comportan como personas hablando al mismo tiempo en una fiesta: nadie escucha a nadie y, al final, uno solamente quiere regresar a casa.

El problema es que, en este caso, ya estoy en casa.

Pienso en el futuro de mi país y en la sensación de que muchas cosas pueden cambiar sin que yo pueda hacer nada para evitarlo. Pienso en las personas que toman decisiones importantes y en lo difícil que resulta confiar cuando parece que quienes tienen más poder son también quienes están más alejados de las consecuencias.

Pienso en el fútbol, en las eliminaciones dolorosas y en la falta de justicia que muchas veces existe dentro de una cancha.

Puede parecer absurdo perder el sueño por un partido, pero el fútbol nunca es solamente fútbol. También es identidad, esperanza, frustración y el deseo colectivo de que, por una vez, las cosas salgan bien.

Tal vez el fútbol se parece demasiado a la vida: uno puede prepararse, esforzarse y hacer casi todo correctamente, pero aun así terminar eliminado por un error, una decisión o una sola jugada.

También pienso en mi cuerpo.

Cada día entreno menos, me muevo menos y siento que me estoy volviendo más sedentario. Me digo que mañana voy a comenzar, pero mañana parece haberse convertido en un lugar mítico al que nunca logro llegar.

No es solamente la falta de ejercicio. Es la sensación de estar perdiendo energía, disciplina y una parte de la persona que quiero ser.

Después aparece el trabajo.

La falta de oportunidades me preocupa. El futuro de mi carrera parece incierto y no sé si estoy avanzando por el camino correcto. Tengo miedo de perder la estabilidad profesional que alguna vez encontré y de no volver a hallar un espacio donde me sienta valorado.

Quiero otra oportunidad que me permita mantener la mente ocupada, crecer y sentir que estoy construyendo algo.

No necesito únicamente un salario. Necesito sentir que mis conocimientos sirven, que mi esfuerzo tiene una dirección y que todavía existe un lugar para mí en el futuro.

Pero hablar del futuro profesional en 2026 implica hablar de la inteligencia artificial.

La IA me ayuda todos los días. Me permite aprender, crear y solucionar problemas con una velocidad que antes habría parecido imposible.

Y quizás por eso mismo también me asusta.

Parece avanzar sin límites, mientras algunas de las personas más poderosas del mundo hablan de delegar cada vez más actividades a las máquinas como si la eficiencia fuera la única medida del progreso.

Pero ¿qué ocurre cuando la eficiencia elimina el propósito?

Si una máquina puede trabajar, escribir, diseñar, programar, decidir y producir mejor que nosotros, ¿qué lugar queda para los seres humanos?

¿Qué sentido tiene estudiar durante años, construir una carrera y esforzarse por mejorar si el objetivo final parece ser volvernos innecesarios?

Tal vez el verdadero peligro de la inteligencia artificial no sea que las máquinas comiencen a pensar como nosotros, sino que nosotros dejemos de pensar, crear y decidir por nuestra cuenta.

Entonces aparecen las preguntas:

¿Por qué sigo estudiando?

¿Por qué sigo trabajando?

¿Por qué intento construir un futuro que nadie sabe cómo será?

No tengo una respuesta definitiva.

También pienso en algunas decisiones que he tomado por la necesidad de ayudar, de sentirme útil o de ser importante para alguien. Decisiones que, al observarlas con calma, no siempre parecen tener demasiado sentido.

Quizás, cuando uno no tiene claro su propósito, comienza a repartir partes de sí mismo esperando que alguien, en algún lugar, le devuelva una explicación.

Sé que tengo proyectos, conocimientos, sueños y posibilidades. Sé que todavía existen cosas que quiero vivir y construir.

El problema no es que no haya motivos. El problema es que, en este momento, todos parecen estar escondidos debajo del ruido.

Necesito recuperar algo que me rete y que me devuelva el entusiasmo. Necesito volver a entrenar, trabajar con ilusión, construir proyectos y sentir que estoy avanzando.

Quizás no necesito descubrir hoy el propósito completo de mi vida. Tal vez solamente necesito encontrar el siguiente paso.

Dormir mejor.

Moverme un poco más.

Terminar un proyecto.

Buscar una nueva oportunidad.

Dejar de exigirle a una sola noche que responda todas las preguntas del futuro.

Por ahora, mis problemas siguen aquí, sentados alrededor de la cama, esperando soluciones.

Pero quizás no todas las preguntas necesitan una respuesta a las dos de la mañana.

Tal vez, por esta noche, escribirlas sea suficiente.

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