Anímate a crear a través de las palabras

Anímate a crear a través de las palabras

May 29, 2023

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Cualquiera puede escribir. Lo hacemos desde la escuela. Lo único que necesitamos es un lápiz y un papel (o una computadora, móvil, tablet). Poner una palabra tras otra y generar un texto que transmita un mensaje.

Escribimos correos electrónicos, escribimos mensajes (como este, si tenemos el espacio), escribimos en redes sociales, escribimos diarios o simplemente listas de supermercado. Básicamente escribimos todos los días. La escritura es una forma de comunicarnos. Una forma de expresión.

Pero ¿qué hace que un texto nos llame la atención más que otro? La respuesta está en la concordancia del mensaje, en qué y cómo se dice lo que se dice. Y eso, en mi modesto punto de vista, está relacionado con la cadencia, con la música del texto. Con su estética. Hay textos lógicos, enfocados en expresar conceptos, factuales, concretos, y hay textos literarios, enfocados en expresar una vivencia de una forma mucho más profunda, imaginativa, rica, creativa.

Desde que era una niña me interesó ese juego con las palabras, el modo en que una historia engancha y nos sumerge en un mundo nuevo, totalmente aparte de dónde estamos. Como si nos teletransportáramos. La ficción (la buena ficción) logra ese efecto. Y ese es, precisamente, el punto al que quería llegar.

Empecé a escribir en serio hace unos quince años. Aunque mucho antes ya escribía. Mis primeros cuentos hoy me parecen horribles y, sin embargo, fueron la semilla de las ganas que, luego, me llevaron a tomarme la escritura con mayor profundidad.

Cuando comencé no tenía ni la más remota idea de cómo abordar un texto literario. Simplemente escribía dejándome llevar, por el placer de hacerlo, no para que alguien me leyera. Con los años, y luego de migrar de país, mostré esos textos en un grupo que teníamos. Y aunque la mayoría solía decir que le gustaban, yo no estaba contenta. Sentía que había algo que no encajaba, que no había música, que no había algo genuino. Entonces, decidí que era hora de conocer la técnica, de saber cómo evaluar si esos textos que estaba escribiendo tenían lo necesario para ser interesantes, para movilizar a quien los leyera. Así llegué a mi primer taller de escritura. Quien coordinaba era una escritora argentina que desconocía: Alejandra Laurencich.

El taller era específicamente de cuentos. Y fue un descubrimiento. Ahí conocí los elementos de esa técnica que desconocía. También descubrí que a mis textos les faltaba mucho para ser lo que realmente deberían ser. Sin embargo, en lugar de perder el entusiasmo, seguí insistiendo. Comencé a escribir a diario. Y esa práctica me llevó a mejorar.

No te voy a mentir: no todo fue felicidad y entusiasmo. Al contrario, el proceso fue largo y tedioso. Muchas veces pensé en tirar la toalla, como un boxeador agotado. Pero no me rendí. Seguí insistiendo con terquedad. Hasta que un día tenía un corpus de textos hechos y derechos.

Con todo este discurso ombliguista, lo que quiero transmitirte es que si te interesa escribir, por las razones que sean, no es necesario que aprendas la técnica que conlleva una obra literaria en una primera instancia, lo importante es que escribas. Más adelante, ya tendrás tiempo de pulir. Pero, en principio, escribe. Date el permiso de crear.

«Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.»

Antón Chéjov


Nota: Texto originalmente publicado en la página web maumyg.com

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