Tu límite no controla al otro

Tu límite no controla al otro

Aug 13, 2026

Tu límite no controla al otro

por Patricia Atxurra /Ensayos Patito

Últimamente hablamos muchísimo de “poner límites”. La palabra aparece en videos, podcasts, libros de autoayuda y conversaciones cotidianas. Pero entre tanto uso, a veces terminamos llamando límite a algo que en realidad es una preferencia, una expectativa o incluso un intento de controlar a otra persona.

Un límite no debería definir quién tiene que ser el otro. Si yo digo: “Mi límite es que tú no me grites”, me enfrento al problema de no tener ningún botón mágico con el que pueda callar a otra persona.

Entonces ¿qué si puedo hacer? Lo que sí puedo hacer es decidir mi respuesta ante los comportamientos del otro. De esta manera, en vez de decir "no me grites" diría",“Si me gritas, voy a terminar esta conversación y me voy.”

Ahí aparece algo fundamental: todo límite necesita una consecuencia que dependa de quien lo establece. Y creo que ahí está parte de la confusión.

No es lo mismo decir “prefiero no salir con alguien que fuma” que decir “si fumas dentro de mi casa, voy a pedirte que salgas”. La primera frase habla de algo que prefiero encontrar —o no encontrar— en otra persona. La segunda establece qué voy a hacer para proteger un espacio propio.

¿Y el famoso “sentido común”?

También solemos justificar nuestras expectativas diciendo que algo es simplemente sentido común. Pero nuestro sentido común está construido con nuestra historia, educación, cultura y experiencias.

Imagina que quiero hacer feliz a alguien y le regalo un enorme pastel de chocolate. Para mí puede parecer obvio: chocolate = delicioso = felicidad. Pero quizá esa persona odia el chocolate.

¿Significa que uno de los dos carece de sentido común? No necesariamente. Significa que somos dos personas distintas intentando interpretar el mundo desde experiencias distintas.

Y quizá por eso aprender a poner límites también implica aceptar algo bastante incómodo: los demás no existen como extensiones de nosotros mismos.

Podemos comunicar lo que necesitamos. Podemos decidir qué aceptamos. Podemos retirarnos de situaciones que nos hacen daño. Lo que no podemos hacer es convertir nuestras preferencias en reglas universales y esperar que los demás se transformen para cumplirlas.

Así que la próxima vez que escuches —o digas— “éste es mi límite”, quizá valga la pena preguntarse:

¿Estoy diciendo lo que voy a hacer para cuidar mi bienestar o estoy describiendo cómo quiero que se comporte otra persona?

Puede parecer una diferencia pequeña.

No lo es.

🎬 Este tema forma parte del primer episodio de Ensayos Patito: NO ¡eso no es un límite! (y te explico por qué), que se estrena este 16 de agosto en YouTube.

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