Lo que nadie me preguntó…

Lo que nadie me preguntó…

Sep 18, 2026


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Soy el tipo imprudente que se mete en la plática, que aborda temas que a nadie le importan, que hace preguntas que no necesito hacer.

Me llamo Fabio.

Fabio el necio.

Una vez una señora me gritó: “Los necios estorban.” Quizás tenía razón.

No estoy matriculado con nadie. Mis posturas no se alinean; muchas veces están al otro lado del río. No necesito especificar mis ideas. Los temas nacen de la necesidad.

Me aborrecen los que controlan las masas. Mi imaginación distorsiona los caminos mentirosos y mal hechos. Ataco a quienes se esconden detrás de una verdad.

Mis temas sin sentido calan.

Y aquellos que me gritaron de pequeño “no puedes”, hoy me abrazan con temor de mencionarlo.

Entre mochilas, ropa, mi cámara y mis libretas tomo el camino hacia la imaginación. El golpeante sol sofoca, pero no mata. En la noche me despierta el frío del invierno.

No hay entendimiento. No logro acuerdos. Solo lloro y muero.

Me urge saber quién es mi progenitor. Es una pregunta incómoda, pero no quiero vivir con la duda.

Me cansan las ridículas preguntas:

¿Por qué a mí?

Si en esta vida somos los dueños de nuestras decisiones, ¿qué va a ser de nuestro espíritu si el mundo exterior se inunda de humo?

Si justificamos nuestros errores con excusas, o adoptamos la idea de ser “buenas personas” mientras nos pudrimos por dentro.

Mientras la rebelión exista, los pensamientos narcisistas estarán cautivos.

La libertad no solo es un derecho; es algo por qué luchar.

Decir lo que incomoda es la vacuna de la herencia.

La cobija de humo se vuelve extensa. Los voceros nos dictan de qué hablar, mientras yo propongo hablar de lo que nos hunde y de lo que no nos permite crecer.

Estudiemos.

Debatamos juntos.

Hablemos de lo que nos hiere.

No tengo las respuestas a ninguno de tus problemas, pero aquí estamos, agitando las aguas para que el milagro de la verdad traiga luz e ilumine nuestros rincones oscuros.

Desgastando las miradas vamos, porque los envidiosos tendrán carroña para opinar.

En fin, destrozamos el ego infinito y resurgimos de las cenizas.

De los iracundos soy el menos sobresaliente, pero en constancia crezco.

Dejo la interrogante y hago mi trabajo.

En el valle de los huesos se quedan los pusilánimes; en el renacer, los que atienden el llamado.

Y aun así, atentan contra mí.

Pero aquí estamos de nuevo.

Buscando lo que nadie nos preguntó.

Lo incómodo.

Lo oculto.

Lo secreto.

Lo iluso.

Dando luz a aquello que todos tienen miedo de mirar.

Buscando levantar el alma caída.

Porque quizás no tengo las respuestas, pero sí tengo preguntas.

Y mientras exista una pregunta que incomode, una verdad escondida, un rincón oscuro que necesite luz o un alma que necesite levantarse…

aquí estaremos.

Hablando de lo que nadie nos preguntó.

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