Me da miedo su intensidad, como si en cualquier instante pudiera consumirlo todo. Me sorprendo deseando huir, aunque su presencia me salva, aunque en ella encuentro calma. Porque apenas imagino su ausencia, mi cuerpo entero se sacude, como si una alarma se encendiera dentro de mí, recordándome lo frágil que es este equilibrio.
Es algo nuevo, desconocido, casi irreconocible: ¿cómo puede una emoción tan hermosa volverse, al mismo tiempo, tan abrumadora, tan contradictoria? ¿Cómo puede la ternura tener un rostro tan cercano al temor?
