nueve de agosto, veinte veintitrés. augu ...

nueve de agosto, veinte veintitrés. august nine.

Aug 09, 2023

[english version below]

Es verdad: muchas veces no siento a Dios de la misma forma. Toda relación cambia y nunca pensé que escribir podía ser una forma de encontrarme con Él y escuchar lo que Él está diciendo.

Exactamente en diez días más —sí, diez días más— se cumple un año desde que me vine a Ámsterdam a vivir. Hace exactamente un año recibí mi primera visa más larga que la de turista; hace un año estaba tomando un café con mi papá y el perro Kai, emocionados por lo que vendría y yo sin saber mucho lo que significaba. Hoy, 9 de agosto, estoy sentada en la ventana de mi dormitorio, uno de los mejores regalos que podría haber recibido: un lugar de descanso, lleno de plantas, postales y arte, y con vista a las miles de personas que día a día caminan por la estación principal de Ámsterdam. 

Hoy hablo más holandés que hace un año, entiendo más y cada día me siento más cómoda con la ciudad, con los cambios y con la cultura. 

Mi corazón todos los días está agradecido. Claramente no es fácil: quizás si ves solo mis redes sociales pensarás que es fácil, que todo es color rosa, pero no. Este año también he llorado, extrañado; hay días que digo «hasta aquí llego»; he sido bendecida con buenos amigos, con un hermosa comunidad y con gente alrededor que me quiere, pero no hay nada como tu espacio seguro en tu país, en tu idioma: los chilenismos, las cazuelas y la feria, esas cosas que uno piensa que jamás extrañaría se extrañan. Las simples caminatas por la tarde en las noches de verano, el pan calientito que acaba de salir del horno y el mar helado que te hace sentir vivo. Esto no lo escribo con pena, sino con nostalgia. 

Hace un año decidí salir de mi zona segura, de lo conocido para aventurarme a lo desconocido, pero confiada en que Dios marcaba mis pasos, que ÉL había pensado que hoy estaría escribiendo esto sentada en mi ventana, en esa que parece que el paisaje es un cuadro, en la que literalmente tengo un montón de culturas alrededor. ÉL sabía que este plan y este lugar sería mi hogar por quizás cuantos años más. Dios sabia que el holandés de a poco se convertiría en mi tercer idioma. Él sabía que en Ámsterdam estaría aún entendiendo su propósito en mí. 

Hace un año comencé a acumular distintas historias, a ver otro mundo y entender que estando en el lugar y tiempo correcto podía ver cosas que jamás hubiese imaginado: desde estar en una ventana en el Barrio Rojo; hablando con personas en los distintos cafés de la ciudad; yendo a museos que tanto amo; intentando hablar holandés, andando en bicicleta al lado del mar del Norte, enseñando en inglés, descubriendo más profundo el arte y de compartir pequeñas experiencias que pueden cambiar la vida de una persona completamente. Hoy puedo decir que estoy expectante de lo que viene: este fue un año que cambió mi vida, donde mi vida se puso un poco más lenta de lo que estaba acostumbrada, donde mi principal deseo día a día es alimentar mi alma con sus palabras, donde puedo celebrar y ver cada día su bondad y fidelidad. Sé en lo más profundo de mi ser que Dios nos lleva de gloria en gloria y que Su plan y Su voluntad es mil veces mejor de lo que yo puedo imaginar.

Si pudiese describir en una sola frase este año usaría las palabras de una mujer que me dijo: «una oración, una visita puede cambiar la vida de muchas personas».


It's true: many times I don't feel God in the same way. Every relationship changes and I never thought that writing could be a way to meet Him and listen to what He says. 

In exactly ten days - yes, ten days - it will be one year since I came to live in Amsterdam. Exactly one year ago I got my first visa, which is longer than a tourist visa; one year ago I was having a coffee with my dad and my dog Kai, excited about what was to come and not knowing much about what it meant. Today, 9 August, I am sitting at my bedroom window, one of the best gifts I could have received: a place to rest, full of plants, postcards and art, with a view of the thousands of people who pass through Amsterdam Central Station every day. 

Today I speak more Dutch than I did a year ago, I understand more and every day I feel more comfortable with the city, the changes and the culture. 

My heart is grateful every day. Of course it's not easy: maybe if you only saw my social media you would think it's easy, that everything is rosy, but it's not. This year I have also cried, missed; there are days when I say "this is as far as I go"; I have been blessed with good friends, a beautiful community and people around me who love me, but there is nothing like your safe space in your country, in your language: the chilenismos, the casseroles and the fair, the things you think you would never miss, you miss. The simple afternoon walks on summer nights, the warm bread just out of the oven and the icy sea that makes you feel alive. I write this not with regret, but with nostalgia. 

A year ago I decided to leave my safe zone, the known, to venture into the unknown, but confident that God was marking my steps, that He had thought that today I would be writing this sitting at my window, where the landscape seems to be a painting, where I literally have many cultures around me. He knew that this plan and this place would be my home for perhaps a few more years. God knew that Dutch would slowly become my third language. He knew that I would continue to understand His purpose for me in Amsterdam. 

A year ago I started to collect different stories, to see another world and to understand that if I was in the right place at the right time I could see things I never imagined: from being in a window in the red light district, talking to people in the different cafes of the city, going to museums that I love so much, trying to speak Dutch, cycling along the North Sea, teaching in English, discovering art in more depth and sharing little experiences that can change a person's life completely. Today I can say that I am looking forward to what is to come: this has been a life-changing year, where my life is a little slower than I was used to, where my main desire is to feed my soul every day with His words, where I can celebrate and see His goodness and faithfulness every day. I know in the deepest part of my being that God takes us from glory to glory and that His plan and His will is a thousand times better than I can imagine.

If I could describe this year in one sentence, I would use the words of a woman who told me: "One prayer, one visit can change the lives of many".

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