BARBARIE (Un cuento de terror histórico)

BARBARIE (Un cuento de terror histórico)

Mar 09, 2023

1

Un joven

1938. París.

La noche es fría y neblinosa, y el viento susurra cruelmente los más horridos presentimientos. Las paredes están carcomidas por la vejez y la humedad; y la cama es tan dura que el joven no puede siquiera dormitar. Ninguna esperanza es capaz de anidar ya en su corazón. No ha almorzado ni ha cenado. Sólo puede preguntarse, ¿han comido ya mis padres? ¿Siguen acaso con vida? ¿Duermen bajo un techo o a la intemperie? ¿Han violentado a mi padre o a mi madre? Sólo imaginarlos abusados y ultrajados por aquellas ratas infames despierta en él los más iracundos y siniestros planes.

No obstante, ninguna oscura premonición íntima puede tan siquiera acercarse a la crueldad infrahumana de la realidad. Entre barrotes, apilados con menos dignidad que la de un cerdo, son los padres de éste joven aconsejados mediante un altavoz a que, si desean ahorcarse, tengan “la amabilidad de meterse en la boca un papel indicando su nombre”, para que así se sepa de quién se trata.

Llegada la mañana, el joven acude a un restaurante y ordena algo simple: pan tostado, huevo duro y un café muy cargado. “Hoy es el día, maldita sea. Hoy es el día”, se afirma a sí mismo mentalmente, con obsesión y dolor, a cada instante, a cada segundo, fanática y locamente. El mesero, al contemplarlo, sabe que algo no anda bien con él. Su mirada, perdida e incontrolable, o es producto del alcoholismo o de la criminalidad, asume éste buen hombre. Sin embargo, el joven se va sin más dilación y el mesero respira aliviado con su marcha.

Acude a una tienda de armas y adquiere un revolver. Nuevamente, el vendedor de la tienda contempla con extrañeza la actitud del joven. Sus manos tiemblan y a pesar de su palidez natural, puede observarse una extraña tonalidad en su semblante… como si hubiera muerto ya.

“Esto no puede seguir así: o hacemos algo o nos devoran. Si nadie empieza la lucha aquí, igual acabarán con nosotros. Ya es suficiente. Saber que mi familia sufre tanto, que mis amigos han sido encarcelados y humillados, que ya no somos nada para nadie. Esto acaba aquí. No es por mí: yo puedo morir este mismo día, no me importa. Pero la ejecución de mi deber no la impedirá nadie”, piensa el joven, apretujando con furia el mango de su revólver. “Esto acaba aquí: esto va por ti: mamá, papá”, piensa entre lágrimas al hallarse frente a su destino: la embajada alemana de París. Respira hondamente, limpia sus lágrimas, y prosigue a paso firme. Como un hombre decidido a morir.

-            Buenas tardes. Quisiera ver a algún funcionario alemán, por favor.

-            ¿Conoce específicamente a quién?

-            No, sólo me dieron la orden de entregar unos documentos confidenciales a algún funcionario alemán.

-            Bien, sus papeles, por favor.

-            Aquí tiene.

-            Siga, por favor, al fondo del pasillo, a la izquierda.

-            Listo, muchas gracias.

Sin embargo, la mujer recepcionista le devuelve una mirada desdeñosa y antipática. Una vez frente a la puerta del funcionario, la golpea con serenidad, intentando mantener la calma pese a que sus manos tiemblan descontroladamente.

-            Adelante –sentencia una gruesa voz desde el interior de la oficina. Torpemente, el joven ingresa a ésta y cierra la puerta tras de sí. Da un último suspiro bastante profundo y se presenta tranquilo, sumiso, algo tonto, inclusive. Camina al escritorio del funcionario y lentamente toma asiento.

-            ¿Y bien? ¿Tienes algún documento importante para entregarme? –cuestiona confiadamente el funcionario.

-            Es usted un boche asqueroso, y aquí tiene su documento –dice al tiempo que saca el revólver presuroso–, en nombre de los 12.000 judíos perseguidos.

Inmediatamente, descarga cinco tiros contra el cuerpo asombrado del funcionario. La sangre comienza a atravesar su uniforme y una serie de agudas y profundas punzadas comienzan a estremecerle su estómago. Siente en la boca una sensación acuosa y un gusto ferroso. Al instante ve que hay sangre cayéndole a borbotones por el mentón. La náusea lo obliga a vomitar chorros de emesis ensangrentada y nauseabundos trozos marrones de materia desconocida. Cae al piso retorciéndose del dolor. De inmediato, ingresan los guardias y el joven suelta el arma y se tira al piso. Cuando viene otro funcionario alemán y le pregunta quién es. El joven, resueltamente, revela: “Soy Herschel Grynszpan”.

 

 

2

Una oportunidad

7 de Noviembre de 1938. Alemania.

Frente a un busto de Martin Lutero, ubicado afuera de una Iglesia cerca del Hospital donde Vom Rath lucha por su vida, Hitler recibe la fatídica noticia. “Ernst ha muerto”. Sin embargo, lejos de entristecerse, Hitler sonríe, ensancha su pecho y su espalda como símbolo de un espíritu engrandecido ante la noticia, ante la oportunidad de un nuevo mañana. Goebbels, comunicador de la noticia, lo mira intrigado y con una leve sonrisa en sus labios. Entiende esa expresión. En efecto, políticamente, nada resulta mejor que el escenario que ambos están viviendo: un funcionario alemán asesinado a manos de un judío loco. Ni en sus mejores sueños podían haberse prefigurado semejante oportunidad. Ambos miran a Lutero de frente, serenos y magnánimos. Sentencia Goebbels entonces, junto al Führer, el Trono, y frente al Reformista Protestante, el Altar, lo siguiente:

-            Las sinagogas “deberían ser incendiadas, y todo aquello que no arda debería ser cubierto enterrado con tierra para que no queden a la vista ni una pavesa ni una roca”.

-            “Y todo esto debería hacerse por el honor de Dios”–añade Hitler, reconociendo la cita del “Sobre los judíos y sus mentiras”, de Lutero.

-            Y hoy decimos, ¡por el honor de Alemania! –concluye orgullosamente Goebbels, abrazando alegremente a Hitler, quien orondo y satisfecho, retribuye aquel abrazo con sinceridad y aprecio.

·          

Tras comprar las verduras y carnes requeridas por su madre, un joven niño judío decide acudir a una tienda bastante conocida entre los citadinos por sus ricos dulces y fresca pastelería. Apresurado y temeroso ante los reclamos de su madre, el joven empieza a correr sin premeditar el golpazo que iba a llevarse después de tropezar con el pie de un infame muchachito de cabellos rubios y ojos azules, que, iracundo, le grita: “vete de nuestra tierra, maldito marrano”. Ríe con sus amigos y mediante sus amenazas obliga al joven niño a huir despavorido sin saber qué dirección tomar. Creyendo haberlos perdido de vista, se detiene a descansar un poco.

-            Dame esos dulces, desgraciado –le espeta una voz cercana, demasiado cercana. Ve entonces el azul de sus ojos, el dorado de sus cabellos, e intenta huir pero es alcanzado por los amigotes de este. Sin reflexionarlo, el joven niño ataca al grupillo de maleantes con las verduras y carnes que su madre le había mandado a comprar y a través de tan espontanea reacción consigue escapar y huir nuevamente sin rumbo alguno. Justo cuando vuelve a sentirse presa de aquellas bestias y sus garras, una multitud intempestiva actúa repentinamente como la distracción perfecta.

-            Perdón… por favor, permiso. Gracias… perdón, permiso –grita el niño para que la gente no lo pisotee ni le impida el paso. Sin embargo, dada la falta de visión, llega súbitamente al frente de un hombre de voz fuerte, severa. Con una expresividad en sus manos y gestos tan magnética y atractiva que el niño no tarda en acabar seducido por la pasión de tan singularísimo personaje.

-            Sinagogas, casas, negocios. Entren a donde sea y destrúyanlo todo. Y si alguien intenta oponerse, acaben también con cualquier resistencia. La vida de un “marrano” vale menos que la de un cerdo. Su sangre está mejor en los suelos que en sus cuerpos. Que se sienta el ímpetu ario con fuerza y violencia, nada nos detendrá. El fuego purificara a los impuros como purifica al mal su propia destrucción. Esta noche el Espíritu de nuestro pueblo finalmente será revelado ante el mundo entero. La Cultura de esta gran Civilización Germana, Aria, ha de llegar a su síntesis finalísima. La voluntad del Espíritu Germano, aprisionado tras la Gran Guerra, hoy se realizará finalmente. Y no habrá cuerpo ni materia que pueda resistirse a la Fuerza de nuestro gran Espíritu Eterno. Que hoy brille la Luz Negra que cada uno de nosotros lleva muy dentro en el alma como huella de Tiempos gloriosos, tiempos pasados de vuelta en nuestra Patria verdadera, nuestra Patria Espiritual. ¡Heil Hitler!

-            ¡HEIL HITLER! –responde la multitud rabiosa, celebrando el discurso con el saludo fascista.

-            ¡Deutschland Über Alles!

-            ¡ÜBER ALLES!

 

image

3

Kristallnacht

-            ¿Pero dónde diablos te metiste? –pregunta la madre vuelta un mar de lágrimas.

-            ¡Ma…ma! –repite continuamente, incapaz de articular una sola palabra.

-            ¿Qué pasó? ¿Alguien te hizo algo? ¿Dónde lo encontraste? –pregunta al hermano mayor.

-            Por la tienda de dulces.

-            Pero, ¿qué sucede?

-            Va…vamos a… a… morir –y el niño vuelve a llorar horrorizado.

-            ¿Por qué dices eso?

-            Lo he oído, han dicho que valemos menos que cerdos, que… que… acabaran con todo…  entraran aquí y echaran nuestra sangre al piso… y… y que… –pero el niño vuelve a llorar, imaginándolo todo al tiempo que lo recuerda y evoca la voz de aquel hombre: tan profunda, tan diabólica.

-             Mi amor, mi amor. Calma, todo va a estar bien, yo te protegeré.

Sin embargo, llegadas las seis de la tarde, arriba a casa únicamente el abuelo, sin papá ni el hermano mayor. Tan pronto la mujer lo interpela, comprende en su rostro el terror que se avecina.

-            ¿Dónde está Barak y Abraham?

-            Se han quedado en el negocio.

-            ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?

-            Goebbels ha dado un discurso. Estamos acabados.

-            Pero… ¿qué dices? No… iré a ver a Abraham.

-            Debes proteger al niño. Podrían venir.

-            ¿Quiénes?

-            Toda Alemania.

Conforme la noche va pasando, los gritos de horror, sufrimiento y alocado frenesí se intensifican por doquier y el sonido de vidrios rotos empieza a imperar en el ambiente. Una intensa humareda cubre el cielo y los edificios. Intempestivamente, Barak llega a casa.

-            ¡Vienen para acá, vienen para acá! –grita el muchacho desaforado.

-            ¿Y tu padre?

-            Lo han incendiado, lo han incendiado.

-            ¿Có…có… cómo? No, yo… yo voy a verlo, yo…

-            Han incendiado el negocio, a papá, y me han seguido, me… ¿oyen? ¡¿OYEN?!

Sorpresivamente, ingresan al hogar un sinfín de hombres y niños armados con barrotes, palas, cuchillos. Rompen mesas, muebles, platos y cualquier cosa frente a su camino. El joven niño, confundido y sollozante, intenta buscar a su madre en medio de tanto gentío pero cae involuntariamente y muere pisoteado por los hombres de las Juventudes Hitlerianas. A la final, su madre no encuentra en su hijo más que despojos irreconocibles.

 

4

Hiperbórea

Frente a una Plaza de Múnich repleta de cadáveres incendiados y otros tantos marranos gritando adoloridos, Hitler, Himmler y Glauer disfrutan de la magnífica vista. Mujeres y hombres desnudos y blancos como la nieve danzan alrededor de los cuerpos incendiándose y arrojan sal a los que todavía agonizan. Cantan oscuras y arcanas melodías celtas, a veces en noruego o en sueco, otras en idiomas completamente incognoscibles.

-            Debería usted tomar un poco de Gral. Esta victoria lo amerita –recomienda Glauer.

-            Tiene usted razón. Llame al Dr. Morell.

Tras una dosis regular de heroína y la ingesta de una manzana, como símbolo del fruto adámico, Hitler siente el Vril recorriendo verdaderamente por su interioridad. Es entonces cuando brota desde las inmensas columnas de humareda, un ente magnifico y horroroso; con miles de tentáculos y miles de alas emplumadas y alas de reptil. Cien cabezas horrorosamente bellas, y bellamente horrorosas.

-            Vuelve a tu verdadera esencia –sentencia con mil voces, femeninas y masculinas–, oh, gran y ultimo Pontífice Luciferino. Abandona tu cárcel material y demiúrgica para refundirte nuevamente conmigo. Vuelve a tu Patria Espiritual: Hiperbórea, y destruye este mundo finito, limitado, porque sólo su destrucción será afirmación de la eternidad. Salve Lucifer, Ahriman y el Kristos atlante.

Enjoy this post?

Buy Filosofada Mundana a Book

More from Filosofada Mundana