En cuanto lo supo, tocó la luz…
Una pequeña chispa para hacerla fuerte durante toda una vida y permitirle alejarse de aquel punto, detrás de aquella puerta.
Un territorio de calma entre la vida y la muerte,
mientras su espíritu, Dios sabe dónde, permanece perdido.
Ahora, con una luz encendida dentro del pecho,
quizá pueda crecer a su propio ritmo.
Pero antes, debe dar ese primer paso
y caminar por las calles, alejándose…

