Venir al cbtis es recordar el horror
de las semanas eternas y las tareas sin sentido
pero también es recordar la gloria
de leer sin parar y escribir 8 poemas al día
y pasearnos con música en nuestros celulares NOkia y Sony Ericson, marcas que ya no existen,
oíamos rolas de Damien Saez como si fueran corridos alterados de Gerardo Ortiz quien empezó todo eso de bazOoka en la nuca
¿cómo terminamos escuchando a ese francés un grupo de punkrancheros acá en Agua Prieta?
recuerdo que me molestaba la lentitud del tiempo
cuando escuchaba a los profes hablar de diagramas de flujo y competencias
y te vas a arrepentir de tus decisiones
daba campanadas el pájaro
caían volantes de Diablín Figueroa desde las avionetas
flotaban cerotes en el Aqua Mundo
y yo había decidido unirme a la guerrilla
pero al final estudié literatura porque no quería ver llorar a mi mamá
o por culón, lo más seguro,
o porque sentí que acá me necesitaban
caminábamos sin rumbo en las madrugadas
#privilegiodevatoscisheteros
no tomábamos ni nos drogábamos porque nuestros cuerpos eran para la revolución
a eso le llamo infancia
al imperceptible diluvio de la derrota
a tener una banda de covers de un grupo que nadie conoce en tu rancho grande
si quieres bailamos
se me pone el alma pirata
cest la vie
volver al cbtis es ver lo que no hice
y lo que hice sin esperarlo
antes que poeta hubiera sido carpintero
pero es lo que hay
lo que toca
lo que brota cuando desconoces el origen de la semilla
una planta rara
de espinas espirales
de rojo y sangriento corazón
cuyo fruto es un monstruo
incapaz de mirarse al espejo
a estas alturas.
