Los días donde analizaba y publicaba a diario se ven lejanos.
Los días donde la lectura de los acontecimientos políticos eran apremiantes y necesarios también se ven lejanos. Ni mencionar cuando viajé a diferentes estados del país para hablar de Venezuela y darle a conocer a los estudiantes sus derechos y la importancia de la democracia. It was beautiful.
Se ven lejanos pero los atesoro y me siento orgullosa, porque trabajé por algo que creo y sigo teniéndole esperanza: Mi país. Uno que me duele porque nos están pasando cosas dignas de películas de terror y que no merecemos. Es injusto.
Un amigo querido siempre nos dice que nos necesitamos vivos y libres para poder seguir resistiendo y trabajando para que el mundo y los venezolanos vivieran en la verdad y que la propaganda no se hiciera realidad. A veces estar vivos y libres es bajar la cabeza por un tiempo, enfocarte en tu salud, prestarle atención a tu salud mental y hacer todo lo posible por estar bien, porque estando mal no ayudamos a nadie.
Me di cuenta (como si no fuese obvio) que siento una profunda responsabilidad por Venezuela y eso viene con la convicción de que estos últimos 25 años no nos definen como país, y que en unos años se hablará del caso venezolano como uno histórico de transición a la democracia, porque hicimos de todo y seguimos en pie, a pesar de los golpes.
No sentirme con la libertad ni de hacer un tweet se siente como tener una soga en el cuello que no me deja respirar, por lo tanto no puedo hablar. Tenemos un nuevo país, más cerrado, con más miedo, así que nos toca reinventarnos mientras la oscuridad pasa. Todavía sigo en el proceso de saber cómo.
Vivos y libres, amigos.
