La Majo
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"Agustín Lara en Tahití" o "¿Quién diant ...

"Agustín Lara en Tahití" o "¿Quién diantres es La Majo?".

Apr 01, 2021

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Quisiera presentarme contigo, así sabes un poco más a quién estás extendiendo la mano.

Soy La Majo, me considero cantautora y bailadora. Hace un par de años comencé a cantar mis canciones.

Todo se dio cuando me mudé a Playa del Carmen en 2016. Vine con la intención de convertirme en maestra de español como lengua extranjera. Terminé convirtiéndome en artista.

En realidad, siempre lo fui, pero la Riviera Maya, y en especial Playa, han sido un lugar donde he podido coincidir (sin ser fortuito, pienso) con personas que han abierto puertas que yo no me atrevía a abrir sola por miedo a no saber cómo hacerlo. Playa del Carmen ha sido el lugar donde me he re-encontrado conmigo misma, gracias a los seres hermosos que han visto algo en mí y me han brindado su amistad y cariñoso apoyo.

Soy originaria del Puerto de Veracruz, donde nací y crecí. Bueno, cuenta la leyenda que nací realmente en Puebla, de donde es uno de mis abuelos, pero una vez habiendo pagado el requisito de venir al mundo en manos del doctor de confianza de la familia fui llevada recién nacida hasta el caluroso, ventoso y hermoso Puerto de Veracruz.

Ahí crecí como jarocha, visitando los lugares de donde vienen mis padres: la región huasteca veracruzana y la cuenca del Papaloapan. De Norte a Sur, y yo en el centro, en el apacible Golfo de México. Siempre he sido criatura de mar, de agua. Soy Piscis, soy morena, y llevo el ritmo de las olas por dentro.

Mi primer amor fue la danza. Dice mi madre que bailé-- CON RITMO --antes de caminar, y si mi madre lo dice debe ser verdad, porque de ella heredé la musicalidad y el buen oído. De ella también aprendí todo lo que sé de música, que es mucho considerando que nunca tomé clases, pero gracias a ella he escuchado desde rancheras hasta jazz, musicales de Broadway y sinfonías, y por supuesto, son jarocho y música del mundo.

En Veracruz, desde niña, bailé salsa, danzón y son. De adolescente comencé a asistir a fandangos, llevada de nuevo por mi madre, de quien también heredé el ritmo. Con el tiempo comencé a animarme a subir a la tarima, a intentar mis primeros "café con pan", con cautela y respeto, porque el son jarocho tiene sus modos.

Más tarde, en la universidad, mientras estudiaba la Lic. en Letras Españolas, me uní a la compañía de folclor y aprendí danzas de todo México y otros lugares del mundo. Con el equipo representativo viajé a otros países y representé a México, bailando y luego cantando su música y luciendo sus trajes típicos. Curiosamente, yo creía que iba a esos festivales a ver el mundo, pero en nuestra danza, en nuestra música y en nuestro canto iba México entero, y era al mundo que lo mostrábamos.

Una noche de 2011, en la inauguración de un festival muy grande, me tocó abrir nuestro número cantando la canción "Veracruz", de Agustín Lara, que por supuesto conocía de toda la vida. Recuerdo que me temblaba la voz: el público era imponente porque era muy numeroso. Al final, logré cantarla, luego bailamos. Terminado el número yo me quedé entre la gente junto al escenario viendo a la siguiente compañía, cuando una de mis compañeras me vino a buscar para decirme que me estaban solicitando los músicos de Tahití: me escucharon cantar esa canción y les había gustado tanto que me pidieron se las enseñara.

Así que fui, y comencé a cantar, y ellos me siguieron con sus instrumentos y sonó por primera y última vez una versión irrepetible de "Veracruz", cantada por una jarocha, tocada por maderas, cuerdas y manos que venían de una isla paradisíaca en medio del mar, todos los cuales vinieron a converger en medio del bosque canadiense donde se hacía el festival. Así se conectó una costa con otra, una cultura con otra, y hasta la fecha esa conexión perdura.

Ese día conocí el poder de la música.

En 2019 decidí dedicarme a cantar de tiempo completo. Dejé mi trabajo de maestra de idiomas y empecé a tocar en todas partes donde me dejaran. Ese mismo año, cuando me preguntaba si había tomado la decisión correcta, hice un casting sin saber muy bien para qué. Una semana después me enteré de que había sido seleccionada para hacer la audición a ciegas en La Voz Azteca, y más adelante fui seleccionada para concursar en el programa.

Ese día entendí que no me había equivocado al elegir la música como mi nuevo camino.

Al año siguiente formé mi primera banda, quienes amorosamente comenzaron a darle forma a las canciones que había estado escribiendo por meses, y mi música sonó por primera vez fuera de mi voz. En septiembre de 2020 toqué por primera vez en un festival local, y al enero siguiente, comenzando 2021, hice mi primer concierto solista junto con una banda especialmente formada para el evento en el Teatro de la Ciudad de Playa del Carmen.

Actualmente estoy promocionando mi proyecto como una propuesta emergente que recupera mis raíces mexicanas, que son tres principalmente: la americana, la europea y la africana. Tanto siento vibrar muy dentro el mariachi como el djembé, la jarana como el violín. Tanto me mueve un huapango como un ensamble de percusiones aztecas, como una salsa o una rumba.

Y con esos tres fundamentos entiendo que la música sólo evoluciona cuando se intersecta entre sí. Como el son jarocho, que eso es: una fusión del ritmo africano, ese que bailamos en el "café con pan", con las cuerdas de las jaranas que vienen de las guitarras barrocas españolas, con el canto de las voces originarias que gestaron luego este crisol que es la música veracruzana.

Y todo eso es lo que intento transmitir en mi música, en mi arte.

Quizás todo eso fue lo que conectó con los tahitianos esa noche, esa mezcla de lo que llevo en la sangre y que puedo compartir en un canto.

Eso es, también, lo que te ofrezco en mis canciones: no sólo mi sentir más profundo que puede hablar de amores o de historias; sino también mi historia misma que es la de tantes, la de todes. Mi intención es recoger los sonidos y los cantos, los versos y los matices de las diferentes fuentes que dan lugar a eso que me construye, eso que me hace ser quien soy.

Y como sé que viene de varios lugares y ha viajado a tantos otros también, me emociona reconocer las coincidencias en la música de otras tierras, que tanto pueden parecerse a la propia y a la vez son hermosamente diversas. Así, encuentro buena idea sonar un bombo legüero junto con un zapateado de son jarocho, mientras vibran un contrabajo y un piano acompañando mi voz.

Es con este espíritu de exploración, recuperación y (di)fusión que nace mi proyecto musical.

Con este perfil abierto a donaciones te estoy invitando a que participes de las posibilidades que encontremos para explorar la música del mundo: ¡no hay límites!

Te invito a que colabores con el reconfortante y numeroso grupo de artistas que ponen su sonido en mi música! Gente de tantas partes, de todo el mundo. Todes humanes, queriendo crear algo hermoso que tú puedas disfrutar y sentirte orgullose de haber apoyado cuando estaba naciendo.

Esto es "MAÍZ NEGRO", esto es La Majo.

Si te nace, con profundo agradecimiento mi equipo y yo aceptamos tus amorosas donaciones, todas recibidas con agrado y por igual, porque todo suma.

También suma la difusión: si quizás no está entre tus posibilidades donar ahora siempre puedes recomendar el proyecto con más personas que puedan hacerlo, y esa será tu aportación.

Vuelve cada vez que gustes, aquí no nos cansamos de seguir creando música para tu deleite. Música con la cual te identifiques, música que hable tanto de mí como de ti, y que hable al mundo de México y de lo que aquí se hace, así como de la comunidad que el arte puede crear a su alrededor.

Te invitamos a formar parte de esta amorosa TRIBU MAIZERA.

¡Gracias infinitas!

Majo.

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